ÁLBUMES MEXICANOS QUE DEFINIERON LOS AÑOS DOSMIL
El sonido de México en una década.
MÚSICAROCKMÚSICA LATINAMÉXICO2000S
Por Luis Castañeda
9/29/202610 min read


Debo este artículo a la creciente —y a mi juicio, encantadora— nostalgia de la Generación Z por los “años 2000”
Tan notoria en redes sociales. El cine, la moda, la música y la estética de aquellos años ha sido protagonista de montones de tiktoks y reels de usuarios jóvenes obsesionados con el Y2K y el Frutiger Aero, añorando lo que, cuando menos en retrospectiva, parecen tiempos más luminosos. ¿Será porque esos años corresponden a la infancia de muchos de nosotros? ¿Es tal vez una conciencia generacional orientada a redescubrir expresiones que a lo lejos lucen infravaloradas? ¿Una búsqueda urgente de referentes de cultura popular alternativa? ¿Quizá solo la reacción de hastío a los ochenta tan gastados por el mainstream anglosajón y a la saturación de imágenes, videos, textos y canciones generadas por Inteligencia artificial que inundan nuestro algoritmo? ¿Es el deseo de hallar en el pasado la autenticidad que se percibe ausente hoy? ¿Tal vez todo lo anterior? ¿Tal vez una moda sin más? Sea como sea, es innegable que hay algo magnético en los primeros pasos del nuevo milenio que ha estado inquietando a miles de jóvenes por todos lados. Por eso, en esta ocasión, vamos a dedicar algunos párrafos a los álbumes mexicanos que definieron la idiosincrasia de un tiempo en que el Internet aún era un novedoso espacio tangible de fascinación —y no la bruma omnipresente de procrastinación que es hoy—, un tiempo de tazos y cibercafés, de televisión abierta e infrarrojo, de cuentas de MetroFLOG, de Julietas y Tacvbos, ciego optimismo en la democracia liberal y, sobre todo, de emos vs punks.


SÍ - JULIETA VENEGAS (2003)
El gran valor de Sí radica en su decidida renuncia a la solemnidad. En un ecosistema alternativo obsesionado con la idea de que la madurez de un autor debe medirse a través de la densidad introspectiva, Julieta Venegas dió un giro a contracorriente al abrazar un vitalismo melódico abiertamente naïf, que permitió una identificación más natural entre público e intérprete. Ya el propio título y el arte de portada eran reveladores: Vestida de novia con un fondo rosa y un sencillísimo y definitivo “Sí”, como la afirmación juguetona a un compromiso que se presume más serio y trascendente (como en «A tu lado»). O acaso “Sí” como la respuesta luminosa que alivia todos los dolores que produce la duda, como ocurre en dos de las canciones más icónicas del álbum, «Lento» y «Andar conmigo», en donde recibir el “Sí” es cosa de vital importancia para el pretendiente. O, tal vez, “Sí” como una autonomía empoderante en la capacidad de decidir y consentir, como en «Nada Serio», «Donde quiero estar» y «Alguien». Vaya, al final “Sí” no es una palabra tan sencillísima ni tan definitiva como creí, y hay tantos “Sí” distintos como hubo millones de radioescuchas de estas “sencillas” canciones pop ¿será que hay algo más que a simple vista no se ve?


NATALIA LAFOURCADE - NATALIA LAFOURCADE (2002)
El debut homónimo de Lafourcade funciona como una perfecta cápsula del tiempo de la emoción juvenil de inicios de siglo. Lejos de la pulcritud melódica y el barniz sentimental del pop de balada, este disco instaló una poética de la habitación adolescente: lúdica, rebelde y sobre todo profundamente desenfadada. A través de un collage sonoro que mezcla bossa nova, electrónica, indie-pop y funk, canciones como «En el 2000» o «Busca un problema» capturaron el ánimo de una generación obsesionada con sus propios referentes pop, ligeramente politizada y marcada por un abierto desdén hacia los cánones adultos con la diferencia de que, sin la sombra de la censura que pesó sobre otras generaciones, dejó a los artistas respirar un aire más ligero y despreocupado. Aunque con el tiempo Natalia se nos revelaría como una cantautora elegante y melancólica, su primer disco sigue siendo el retrato sonoro de un cuarto lleno de diarios, CDs y posters de Gael García.


MARÍA DANIELA Y SU SONIDO LASSER – MARÍA DANIELA Y SU SONIDO LASSER (2005)
Cuando se oye la palabra “contracultura”, a menudo se piensa en punks criticando a la sociedad con su rabia nihilista o en góticos taciturnos envueltos en una estétiica oscura. La verdad es que la contracultura también ha vestido atuendos coloridos y bailado canciones deliberadamente banales sobre ritmos de eurodance grabados con bajo presupuesto. El álbum debut de María Daniela y su Sonido Lasser es, probablemente, el trabajo más icónico del pop alternativo dosmilero gestado en el underground del Distrito Federal. Con letras ácidas y una ironía desbordante, el proyecto se mofa y al mismo tiempo rinde homenaje a la caprichosa cultura publicitaria (“Mi vida no vale nada sin la Barbie secretaria”), a las fiestas de preparatoria y al drama subsecuente de las desventuras juveniles. Los tópicos más cursis de la canción de amor se ven resignificados en estas canciones por una feminidad mucho más autónoma y consciente de sí misma, crítica desde el humor a las históricas exigencias de inocencia y sumisión. Lo “fresa” alcanzó aquí un matiz subversivo poco habitual. Musicalmente es un ejercicio de minimalismo electroclash que funcionó como válvula de escape para un sector al que la energía del rock alternativo no le decía suficiente, abrazando ritmos más hedonistas en un milenio que avanzaba demasiado pronto para quienes solo querían bailar un rato.


DULCE BEAT – BELANOVA (2005)
Belanova logró articular con este trabajo un synthpop de alta costura que escondía, bajo sus capas de ritmos bailables y brillantina digital, una profunda desolación existencial a pesar de temáticas de amor que podrían parecer trilladas. Canciones como «Rosa Pastel», «Por ti» o «Niño» musicalizaron el auge de los perfiles personalizables en internet y se convirtieron en el refugio de una juventud que buscaba estilizar su timidez a través de avatares virtuales. No es casualidad que estas canciones sigan siendo tan queridas hoy, tanto por mujeres como por hombres… quizá de modo más curioso por estos últimos, que entre broma y broma parecen haber encontrado en «Rosa Pastel» una forma de conectar con sentimientos de tristeza y delicadeza comúnmente reprimidos. Es un álbum donde la sofisticación técnica del nu-disco se cruza con el melodrama pop, creando una atmósfera liminal de centro comercial por la noche o pasillo de secundaria a la hora de la salida, pero cálida a la vez.


CUATRO CAMINOS- CAFÉ TACVBA (2003)
Para la banda más iconoclasta del rock iberoamericano, los años noventa fueron un laboratorio de mutaciones constantes en donde redefinieron lo que podía ser considerado rock. Sin embargo, tras la radicalidad de Revés/Yo Soy, y tras algunos años en suspenso, el verdadero desafío que enfrentaban no era seguir subiendo la apuesta sino pisar tierra firme. Así, optaron por un trabajo que ejecutó un salto menos iconoclasta en la forma, pero cargado de una energía más arquetípicamente rockera y de una renovada confianza para escribir canciones centradas en estructuras directas. Lo más importante del disco (y que influyó en el sonido de la música mexicana posterior) está en su notable abandono del folklore lúdico en un contexto donde las disqueras urgían a los artistas a seguir exprimiendo la identidad mexicana bajo las fórmulas del mexican curious. En oposición, Tacvba osciló entre la urgencia enérgica y los arreglos meditados, asimilando el lenguaje del rock alternativo a través de una paleta que abraza la explosividad del slacker-rock y las texturas de la neo-psicodelia y el dream pop. Aunque en este álbum el eclecticismo característico del grupo sigue latiendo en el fondo, el diseño de las canciones es estilísticamente más uniforme y, en este paso firme de guitarras al frente y baterías de carne y hueso, emergieron momentos de una claridad melódica inapelable coronados por «Eres»: un tema que por su honestidad emocional pasó a convertirse en el eterno e indiscutible himno adolescente de los años 2000.


ATEMAHAWKE - PORTER (2007)
En México existen álbumes de culto y luego esta odisea poblada por personajes extravagantes y paisajes distorsionados por un insólito surrealismo espacial. El delay de las guitarras y las frecuencias que envuelven el canto andrógino y teatral de Juan Son dieron paso a una neo-psicodelia quimérica que sugirió lo que hoy puede leerse como un imaginario de resonancias post-humanistas. Las voces destacan porque no sólo enuncian versos, sino porque se funden con las capas instrumentales programadas, como un instrumento más en una ópera biosintética. El álbum afirma así un linaje artístico insospechado que nos evoca la audacia performática de Björk, la melancolía etérea de Shinji Sato (Fishmans) y el desparpajo posmoderno de Rubén Albarrán (Café Tacvba), configurando su propio estilo con la confianza de un cuentacuentos. El salto al delirio de la ciencia ficción y la devoción por la nostalgia y la vulnerabilidad que contagia el disco ha continuado fascinando a nuevos fanáticos adolescentes y nichos de la melomanía contemporánea, que reconocen en este material uno de los gestos más enigmáticos del rock en los 2000.


AMANTES SUNT AMENTES - PXNDX (2006)
Pueden dedicarse ensayos enteros a entender lo que este disco significó para toda una generación pero para no hacer el cuento largo lo resumiré en una oración: este álbum es la institucionalización de la estética emo en México. Amantes Sunt Amentes halla su impulso en las características guitarras del post-hardcore y la energía pegajosa del pop-punk, pero sobre todo en sus letras repletas de culpa, anhelo y reproche, que se convirtieron de inmediato en la literatura de cabecera para los pies de foto en MetroFLOG. La banda ya se había hecho de una importante reputación en ciertos círculos con su anterior disco Para tí con desprecio, que no hizo más que consolidarse masivamente con esta entrega. No es un álbum refinado y ciertamente está envuelto de una ingenuidad autoral al importar las formas ya probadas del emo estadounidense, pero al margen de sus limitaciones, no hay duda de que supuso un hito para una subcultura maltratada e incomprendida, y en ello recae su valor.


BARRIO BRAVO-CELSO PIÑA (2001)
Mientras las subculturas urbanas disputaban la legitimidad de los flecos emo, en la periferia de Monterrey se gestaba un sincretismo musical más extrovertido y festivo. Barrio Bravo es uno de los puentes más firmes entre la cultura de los barrios y la modernidad alternativa del nuevo siglo. Celso Piña toma la cumbia tradicional y la lleva a una colisión con el hip-hop (Control Machete), el ska (El Gran Silencio) y el rock (Café Tacvba). La producción de vanguardia de aquellos años se construyó de la mano con la dignidad de lo popular y el resultado fue un álbum telúrico, callejero y de una autenticidad tal que terminó inundando tanto las fiestas sonideras como seduciendo a los oyentes más escépticos de los foros indie.


BONUS: REVÉS/ YOSOY- CAFÉ TACVBA (1999)
Visto hoy, este álbum no clausuró los noventa, sino que descifró el código estético de la década por venir y preparó el oído de una nueva generación de artistas y oyentes para las inquietudes musicales que se extenderían en el nuevo milenio. Como disco de transición y ruptura, influyó en la integración natural de la electrónica al mainstream latino y en la caída del purismo rockero sugiriendo una escucha más textural, más vívida y, quizá valga decirlo, una manera menos fálica de crear y oír música, con sus atmósferas etéreas y abstractas. En sus dos mitades —una instrumental y elusiva, otra cantada y onírca— se reconocen dos opuestos indivisibles que se dialectizan cambiando la manera de experimentar la escucha de un álbum de música y formando el que probablemente sea el primer álbum de post-rock en iberoamérica (con todas las nuevas posibilidades que ello implica). Con piezas que mezclan música de cámara, ambient, IDM, trip-hop, art-rock, ecos de sones mexicanos y un concepto que, entre otras cosas, medita la deconstrucción del yo, Café Tacvba dialogó con las obras de artistas como Swans, Aphex Twin, Björk o Portishead y avanzó en la dirección que terminaría por consolidar, en los años siguientes y de manera masiva, una escena musical más desprejuiciada y diversa. Personalidades visionarias como Ely Guerra o las agrupaciones Controla Machete y Plastilina Mosh también fueron fundamentales en este cambio de paradigma, pero fue Revés/Yosoy el álbum que condensó las sensibilidades de una época y las transformó en la materia prima que determinaría la siguiente. Café Tacvba no volvió a repetir una hazaña de esta magnitud, pero varios de los artistas que crearon los discos que este artículo ha recorrido (y otros tantos artistas más) vieron aquí la luz de un nuevo entendimiento del sonido y la motivación para doblar la apuesta de sus propias búsquedas.
