B DE BANKSY: LA MUERTE DEL ANONIMATO
El anonimato como forma de posicionamiento político y artístico.
CULTURASOCIALARTEBANKSY
Por Santiago Ávila
4/15/20267 min read


Hace unas semanas fue publicada la noticia de que se había relevado, al fin, la identidad de Banksy, famoso artista urbano que convirtió el anonimato en una obra de arte paralela a sus propios murales.
Una investigación de la agencia Reuters -basada en un año de análisis de documentos, testimonios, movimientos geolocalizados y hasta un arresto por vandalismo en Nueva York en el año 2000- apunta al británico Robin Gunningham, nacido en Bristol en 1973, como el hombre detrás del mito más famoso del arte contemporáneo. Bajo el nombre legal de David Jones -curiosamente el mismo que el de David Bowie, pero también uno de los nombres más comunes en Reino Unido- Gunningham habría construido una intrincada red de empresas para gestionar su fortuna, proteger sus derechos y certificar sus obras. Toda una compleja e impecable estrategia para sostener su anonimato.
No obstante, esta innecesaria investigación saca a relucir la poca sensibilidad de la prensa ante los fenómenos artísticos y políticos. ¿Quién es Banksy? Reuters y todas las personas periodistas que han dedicado sus esfuerzos en desenmascarar al artista se han equivocado de pregunta. Deberíamos, más bien, preguntarnos: ¿Qué significa esa pintura que apareció de la noche a la mañana en la Cisjordania ocupada?, ¿Qué intenta decirnos la obra que emergió, como por acto de magia, en un edificio destruido por la guerra en Ucrania? Comparar la cantidad de notas periodísticas sobre la identidad de Banksy con la cantidad de textos de difusión o de análisis artístico -sea de obras de él (¿o ella?) o no- nos debería hacer cuestionar qué estamos haciendo mal.
Este artista urbano comenzó a darse a conocer por intervenciones urbanas que aparecían de forma inesperada en lugares de todo el mundo, dejando así su misteriosa huella. Su estilo está basado en el stencil y con influencias de Blek le Rat, el padre del sténcil moderno. “Cada vez que pienso que pinté algo un poco original, me encuentro que Blek Le Rat lo hizo también, solamente que veinte años antes”, declaró Banksy en el 2011. Además, los fans del reconocido artista han estudiado, también, la influencia del antifascismo y el anarquismo británico en su obra. Por ejemplo, la banda pionera de anarko-punk, Crass, fundada en 1977 en Bristol -presunta ciudad natal de Banksy- y que en su música hablaba de feminismo, acción directa, antirracismo y derechos de los animales, repartía fanzines con instrucciones detalladas sobre cómo realizar tu propia plantilla para stencil bajo su sello “Exitstencil Press”. Décadas después, Banksy hizo exactamente lo mismo, pero el nombre de su fanzine era “Existencilism”. Un título muy similar.
Banksy siempre ha intentado hacer una crítica al poder, al Estado y a la sociedad del consumo a través de sus obras y de la sátira. Por ejemplo, Devolved Parliament (2019), representa al Parlamento británico lleno de chimpancés, haciendo una crítica directa a la incompetencia política de su gobierno. O en obras como Christ with Shopping Bags (2004) o Napalm (2004) denuncia cómo el capitalismo voraz utiliza el entretenimiento y las marcas para normalizar el sufrimiento real, donde representa la ironía de Jesucristo crucificado mientras carga con bolsas de compra y una niña quemada por napalm comparte encuadre con Mickey Mouse. Su denuncia es certera e incómoda, por ello, es probable que, en un comienzo, Banksy haya tenido que mantener oculta su identidad para evitar tener problemas con la policía y hasta con otros personajes poderosos, pues el arte urbano suele ser una actividad ilegal, especialmente si sus temas realizan una crítica al sistema.












La importancia del anonimato
Desde las literatas hermanas Brontë y la poeta Mary Ann Evans, que escribían bajo pseudónimos masculinos para contrarrestar los prejuicios de género del siglo XIX, hasta el Subcomandante Marcos que fue el rostro oculto de la rebelión Zapatista; pasando también por músicos contemporáneos como el dúo de música electrónica, Daft Punk, y la banda mexicana Austin TV con su icónico lema: Tu cara no importa. Importas tú, el anonimato siempre ha sido una herramienta que ha servido para expresar cosas incómodas, para que el foco mediático se enfoque en el mensaje y no en el emisor, y/o para mantener la integridad de las personas que lo expresan. Si Banksy fuera, por ejemplo, una persona afrodescendiente, latina, mujer y/o pobre y racializada, y desde el principio hubiera pintado en las calles con su rostro revelado, es probable que su obra habría sido borrada inmediatamente y que dicha persona simplemente habría sido estigmatizada -todavía más- como una delincuente. El anonimato es, entonces, una especie de privilegio invertido, una máscara que iguala hacia arriba protegiendo a quien, sin ella, estaría condenado a la ilegibilidad social.
Además, Gunningham, Jones, Banksy, o como se llame, realiza otra acción política desde su anonimato: Se re-apropia del espacio urbano. En medio de ciudades que prácticamente venden todas sus paredes, todos sus transportes, todas sus calles a agencias de publicidad, a marcas, a partidos políticos e incluso a los propios gobiernos de dichas ciudades, la obra de Banksy crea un espacio para la sensibilidad que es más grande que cualquier anuncio y que, además, no responde al ego del artista. No lo aborda desde un discurso que dice: “¡Miren! YO, el exitoso artista, Banksy, vine a apropiarme de este pedazo de la calle para que todo el mundo vea mi obra”, su anonimato permite que la gente se pregunte: “¿Quién hizo este mural, en mi calle, sobre una niña a la que se le escapó su corazón? ¿Por qué lo hicieron? ¿Me gusta? ¿Qué me hace sentir?”.
Asimismo, el mundo del arte se ha complejizado -o quizá siempre ha sido así- de manera importante. Pareciera que el “valor” de un artista no radica en su talento o en su trabajo, sino en el número de followers que tiene, en el número de views de sus videos o en el número de reproducciones que tiene su música. En un mundo hiperconectado donde nuestros rostros se convierten en mercancía y nuestro perfil de redes sociales se convierte en una marca comercial, mantenerse en el anonimato es también rebelarse ante eso. Sin embargo, aquí también entra una paradoja, pues el mismo artista, quién ha criticado la mercantilización del arte y que en el 2018 hizo que una de sus obras se autodestruyera al ser subastada, ha visto cómo sus obras son valuadas en millones de dólares e incluso creó la empresa Pest Control Office Ltd, la cual, verifica que las obras sean auténticas al momento de ser vendidas y que gestiona y controla su anonimato para evitar que otras personas afirmen ser Banksy. Por un lado, sin duda es satisfactorio ver cómo un artista vive -y vive bastante bien- de su obra, pero por otro, su anonimato ha encontrado la forma de serle cómodo y útil al sistema que crítica. El propio misterio del artista ha creado un nicho de mercado. En este espacio no afirmamos si está bien o mal, pero es importante, también, conocer ese contraste. ¿El anonimato siempre responde a la rebeldía? ¿Es normal que la rebeldía tenga contradicciones?














