COMO SOÑAR DESPIERTO: EL DREAM POP, EL SHOEGAZE Y SUS DERIVADOS, EN LA ESCENA HISPANA

Una breve historia del género en nuestro idioma.

ROCKMÚSICAROCK EN ESPAÑOLSHOEGAZE

Por Irene Bernal

10/13/20268 min read

La música es un lugar habitable.

Por naturaleza y por concepto, está exenta de imagen, pero hay ciertos sonidos que evocan paisajes reconocibles. Una habitación cálida, con la persiana a medio bajar y un rayo de luz que ilumina una cama deshecha; un zumbido lejano que rompe con el silencio de las mañanas tempranas, que suceden a de una mágica noche de verano; una voz perdida en una mezcla a la que también se suman guitarras, una suave percusión, una melodía. Esa sensación de inmersión, caracterizada por las formas difuminadas y los ecos amortiguados, tiene nombre desde finales de los años 80. Es el dream pop. Aunque este género se ha asociado casi siempre a Inglaterra y Estados Unidos, en español lleva más de tres décadas sonando. La escena hispana tomó la misma bruma y la configuró con una gramática propia, convirtiendo la sonoridad y la cadencia de la lengua en una textura atmosférica más.

¿Cómo empieza un sueño?

En este caso, en un estudio y a finales de los años 80. El dúo musical británico A. R. Kane, ubicado dentro del sello 4AD y conformado por Alex Ayuli y Rudy Tambala, andaba en busca de un término que concentrase todos los matices del nuevo estilo que estaban explorando. Se trataba de una especie de psicodelia lenta que, aun manteniendo la esencia y la estructura del pop, emulaba un ambiente completamente distinto, sustentado por guitarras sumergidas en reverb, voces deliberadamente casi extraviadas y pinceladas de electrónica; todo esto superpuesto en un conjunto de capas que conviven armónicamente. Pronto el concepto se extendió a otras bandas; entre ellas una que continúa siendo el mayor exponente del género hasta la fecha. Cocteau Twins, el trío (luego dúo, luego otra vez trío) escocés que encabezaba el reconocible timbre de Elizabeth Fraser, es el punto de encuentro en el que se dan cita todos los amantes de este sonido onírico, con su sexto álbum, ‘Heaven or Las Vegas’ (1990), en el eje central de la ecuación.

Bajo el mismo paraguas, grupos como Mazzy Star y su álbum de 1993 ‘So Tonight That I Might See’, o el proyecto musical ‘This Mortal Coil’, que lanzó tres álbumes de versiones etéreas de algunas de las canciones más sonadas de los 70, interpretadas por diferentes artistas del panorama musical de la época.

Cocteau Twins.

Casi paralelamente surgió lo que se conoce como shoegaze: un espectro más ruidoso del dream pop, de volúmenes más altos y ligado al rock alternativo, que inundó Gran Bretaña en la década de 1990. Su sonido también se caracteriza por generar ambientes inmersivos, pero a través de bases rítmicas más psicodélicas, y tonalidades melódicas un tanto oscuras.

My Bloody Valentine, Slowdive, Ride o Lush se situaron en el primer plano de este movimiento musical con sus respectivos discos ‘Loveless’ (1991), ‘Souvlaki’ (1993), ‘Nowhere’ (1990) y ‘Split’ (1994). En la costa oeste estadounidense, el dúo californiano Love Spirals Downwards, integrado por Ryan Lum y Suzanne Perry y situado bajo el sello Projekt, llevó el género hacia vertientes más electrónicas. Su discografía es la prueba de que las fronteras entre estilos son porosas. A la atmósfera brumosa de ‘Idylls’ (1992), su primer álbum de estudio, al que siguió ‘Ardor’ (1994) en el más puro estilo shoegaze, se sumaron el trip-hop de ‘Ever’ (1996) y el drum’n’bass de ‘Flux’ (1998).

Esta trayectoria, lejos de ser una deriva errática, demuestra una de las mayores virtudes del dream pop: su capacidad para mutar y enriquecerse en producción sin perder el núcleo de su esencia onírica. A esa puerta abierta se asomaron más tarde bandas españolas como la sevillana Blacanova, quienes citan a la formación norteamericana entre sus referentes, junto a nombres de culto como Depeche Mode o The Cure.

A partir de los 2000, el indie británico volvió a mutar, orientándose hacia el post-punk revival o new wave revival, centrado en potenciar la “autenticidad del rock”. En medio del despegue de The Strokes o The Killers, el dream pop quedó enterrado. El resurgimiento no llegó hasta la década de los 2010s, de la mano de Beach House y Cigarretes After Sex en el ámbito alglosajón. Algo estaba pasando, a su vez, en español.

Love Spirals Downwards.

Silvania: el inicio del sueño español

A finales de los 80, dos músicos peruanos, Mario Silvania y Cocó Ciëlo, se afincaron en Valencia. Bajo el nombre artístico de Silvania, en 1992 publicaron un EP inicial, que llevó el título ‘Miel Nube Hiel’. La prensa española lo destacó como una exhibición del dream pop puro “no lo suficientemente reivindicada”. Ya dentro del sello Elefant Records, el grupo sacó en 1993 su primer álbum. ‘En El Cielo De Océano’ situó el proyecto como máximo exponente de la unión del ambient y el pop en español y, a pesar de que la propuesta contaba con referencias explícitas a los pioneros del dream pop internacional (Cocteau Twins o The Byrds, entre otros), Silvania logró aportar una musicalidad fresca, inherente de la lengua, convirtiéndose en el referente indiscutible dentro de la escena alternativa hispana. Su colaboración continuó hasta 2008, año en el que falleció Ciëlo. Hasta entonces, el dúo continuó explorando su música, sacando discos de amplios registros, cada vez con más matices electrónicos. Elefant Records califica su sonido como una bruma en la que caben “tanto melodías sinuosas y delicados paisajes como lenguajes claramente electrónicos y vanguardistas”.

Y si Silvania representaba el dream pop en su forma más pura y deliberada, Soda Stereo, el conocido grupo argentino conformado por el vocalista y guitarrista Gustavo Cerati, el batería Charly Alberti y el bajista Zeta Bosio, encarnaba la otra cara de esa misma moneda. A través de ‘Dynamo’ (1992), su octavo álbum de estudio, la banda se embarcó en una transición que los alejó de lo mainstream para indagar en el terreno más underground.

El caso de Soda Stereo ayuda a comprender cómo esa bifurcación difusa de origen británico de la que hablábamos antes terminó por hacerse un hueco en la escena hispana como una expansión del vocabulario sonoro y estético del rock en español. Fue a partir de 2010 cuando el estilo empezó a tener mayor proyección, ya no a modo de etiqueta o género enclaustrado, sino como “textura”. Al igual que había ocurrido antes en el panorama europeo y estadounidense, el indie español absorbió las características del dream pop (esas guitarras en reverb, el chorus, la voz susurrada) para combinarlas con elementos del post-punk y la electrónica suavizada.

Silvania.

El relevo generacional

El ya mencionado grupo sevillano Blacanova, nacido en 2006, fue durante más de una década una de las formaciones más determinantes de este contexto. El sexteto, formado por Paco Arenas, Inés Olalla, Cristian Bohórquez, Armando Jiménez, Manuel Begines y Eduardo Escobar, abrió camino al género en España. Su disco debut (‘Blacanova’, 2010) fue calificado como “una de las propuestas más originales e interesantes de la escena independiente nacional” y ‘¿Cómo ve el mundo un caballo?’ (2012) se consolidó como obra cumbre del género estatal. Su estética, fusión de shoegaze, noise pop, post-punk y psicodelia, pasaba por un filtro oscuro, distorsionado e hipnótico, agravado también por sus letras de humor negro, que estaban repletas de alusiones cinematográficas. Su sonido se fue depurando hasta llegar a terrenos cada vez más oníricos y sintéticos. La revista MondoSonoro llegó incluso a describirlos como el “mejor” grupo de dream pop y shoegaze hecho en España. El dream pop español también se desarrolló con Triángulo de Amor Bizarro, banda de 2004 original de Galicia que es considerada el puente más claro entre el post-punk y el género. Su sonido funde la distorsión con melodías pop de gran precisión y, concretamente, uno de sus últimos álbumes, ‘Sed’ (2023), amparado bajo el paraguas de Mushroom Pillow, es quizás el trabajo más redondo en este sentido.

Menta, desde Madrid, lleva el dream pop hacia el pop de radio, aportando a la escena una música más accesible y luminosa, y Gazella, desde 2021 y en Valencia, viraron en su segundo disco ‘Vías’ (2025) del shoegaze hacia un dream pop más introspectivo, con ecos de Radiohead. Estos grupos son parte de la nueva generación, que también ha traído al panorama nombres como Salvana y paco te quiero, originarios de Barcelona o Patronato, nacidos en Madrid. La escena latinoamericana también ha ganado visibilidad, con la argentina They Are Gutting a Body of Water y su disco ‘LOTTO’, de 2025. La edición en español de Rolling Stone calificó el debut como uno de los más impactantes del año en la escena del shoegaze. En Chile y México destacan, respectivamente, Amanitas y Cuco. Este último funciona como puente a lo que conocemos al día de hoy como bedroom pop.

Triángulo de Amor Bizarro.

Estos grupos son parte de la nueva generación, que también ha traído al panorama nombres como Salvana y paco te quiero, originarios de Barcelona o Patronato, nacidos en Madrid. La escena latinoamericana también ha ganado visibilidad, con la argentina They Are Gutting a Body of Water y su disco ‘LOTTO’, de 2025. La edición en español de Rolling Stone calificó el debut como uno de los más impactantes del año en la escena del shoegaze. En Chile y México destacan, respectivamente, Amanitas y Cuco. Este último funciona como puente a lo que conocemos al día de hoy como bedroom pop.

El bedroom pop o la democratización de la técnica

Así, lejos de extinguirse, la fascinación de ciertos artistas por construir atmósferas envolventes encontró su canal de continuidad más orgánico en el bedroom pop, que, sin ser un subgénero directo, sí funciona como el mejor equivalente al dream pop en la era digital. Al democratizarse las herramientas de producción doméstica, los principios más característicos del género se trasladaron del gran estudio a la intimidad de cualquier habitación. Esta corriente, pues, redujo las distancias entre creador y oyente al adaptar la melancolía estructural que sujeta todo el entramado al idioma de una nueva generación.

En el ámbito hispanohablante, esta transición ha cobrado una dimensión especialmente rica gracias a nombres como mori o rusowsky, quienes han sabido reconfigurar el legado onírico desde un ángulo más moderno, sin miedo a combinar lo mejor del pop urbano, el lo-fi o, incluso, el R&B. De nuevo sale a relucir la naturaleza maleable del dream pop, que, aunque cambie pedales de distorsión por mesas de mezclas, conserva su vocación inalterable por transformar la vulnerabilidad personal en un lenguaje que resuena a nivel universal.

IRENE BERNAL

COLABORADORA