CUERPOS QUE INCOMODAN: LA ÚNICA REINA QUE VISTIÓ CHRISTIAN DIOR
La relación entre el diseñador francés y Eva Perón.
MODAPOLÍTICAFASHIONCHRISTIAN DIOREVA PERÓN
Por Victoria Cassoli
9/19/20263 min read


‘‘Usted, que ha vestido a las reinas de casi todas las casas reales del mundo, ¿cuál es la reina que más le ha gustado vestir?’’ Christian Dior:‘‘La única reina que vestí fue Eva Perón’’.
Eva María Duarte había llegado a Europa a fines de los años cincuenta, durante ese viaje internacional entró en contacto con Christian Dior, uno de los nombres que definía la gramática de la alta costura. La escena tiene algo de insolencia histórica: el hombre que vestía a las mujeres de las casas reales vistiendo a una mujer que, en la Argentina, buena parte de la aristocracia se empeñaba en considerar una intrusa. A Eva no se le perdonaba el vestido. Mucho menos, que supiera llevarlo: comprendió tempranamente que su cuerpo era también un territorio político. Las mujeres de la alta sociedad podían tolerar, con el desprecio condescendiente reservado a quien se considera socialmente inferior, que aquella mujer llegada desde los márgenes de Los Toldos ocupara espacios de poder, pero lo que resultaba intolerable era que, además, ingresara en sus propios códigos de distinción: que vistiera Dior, que usara joyas, que entrara a la ópera. Que no pidiera permiso. ‘‘Las voy a derrotar en su propio campo: la guerra de los trapos’’, habría dicho.
No era una frivolidad. Eva había comprendido que la vestimenta, para aquellos sectores de la sociedad, también organizaba jerarquías: determinaba quién pertenecía, quién podía ser admirado, quién merecía respeto y quién debía permanecer en los márgenes: si la elegancia había funcionado como una contraseña de clase, ella podía apropiarse de esa contraseña y utilizarla contra quienes se creían sus dueños. Porque el problema nunca fueron los trapos: era el cuerpo que la ropa vestía. Sobre el cuerpo femenino se han ejercido algunas de las formas más persistentes de disciplinamiento social: se lo adorna, se lo desea, se lo exhibe; pero también se lo vigila, se lo corrige y se lo castiga. Una mujer puede ser convertida en ícono, siempre que permanezca objeto de contemplación.
Lo que se vuelve intolerable es que ese mismo cuerpo se constituya en sujeto: que hable, decida, administre, interpele y dispute poder. A Eva se la quería como excepción pintoresca, no como protagonista; como objeto de mirada, no como sujeto político. La pobreza debía permanecer adherida a su cuerpo como una marca de origen y, sobre todo, como una garantía de subordinación. Por eso fue demasiado rubia, demasiado maquillada, demasiado enjoyada, demasiado ambiciosa, demasiado vestida, demasiado Evita. Se la llamó vulgar, y en ese insulto había bastante más que una disputa sobre el gusto: había una teoría de clase. Cuando una mujer disputa poder, el machismo encuentra en su apariencia un expediente conveniente para desplazar la discusión desde lo que hace hacia cómo se ve, desde su palabra hacia su cuerpo.
El verdadero escándalo no era Dior. Era que Dior vistiera a Eva Perón; que una mujer llegada desde los márgenes pudiera apropiarse de los signos de una clase que la despreciaba y hacerlos circular sobre su propio cuerpo, no como gesto de asimilación, sino como una forma de disputar la autoridad con la que esa clase había administrado históricamente el gusto, la respetabilidad y el poder. Porque lo que la oligarquía no podía tolerar no era el lujo, sino la desobediencia de los signos: que una mujer a la que habían decretado que debía ocupar un lugar subalterno pudiera vestir los emblemas de quienes pretendían custodiar las jerarquías sociales y, al mismo tiempo, convertir su cuerpo en una superficie desde la cual interpelarlos. El vestido no ocultaba su origen: lo volvía políticamente visible: y esa era la verdadera provocación.












VICTORIA CASSOLI
COLABORADORA
Investigadora en la Biblioteca Nacional Mariano Moreno, Argentina.
Escritora, profesora de literatura. Colaboradora con medios culturales con textos sobre arte, literatura, historia y sociedad. Mi trabajo aborda la cultura, la política y el feminismo desde una perspectiva crítica y ensayística.


