D DE DESESPERANZA

Una reflexión filosófica de nuestros tiempos.

CRÍTICASOCIALCULTURA

Por Santiago Avila

8/31/20266 min read

La Desesperanza

Vivimos en una época de tiempos terremotos en los que la desesperanza es, incluso, una consecuencia esperable de los hechos que vivimos: cambio climático, depresión, misiles, largas jornadas laborales que nos suprimen la creatividad y el tiempo libre, genocidios, poca credibilidad en el Estado y las instituciones -sea de la ideología política que sea-, crisis económicas, armas largas, identidades al servicio de algoritmos, poco o nulo acceso a la vivienda, desigualdades sociales cada vez más marcadas, crisis de violencia(s), una precarización generalizada y el ascenso en la popularidad de políticas, discursos y/o gobiernos que nos recuerdan a las peores épocas del siglo pasado.

La desesperanza habita en el interior de nuestros fatigados cuerpos sin siquiera saberlo. Hemos normalizado a tal punto la incertidumbre y el desinterés por el futuro que el mundo se está cayendo a pedazos y nos vemos incapaces de, siquiera, intentar pensar en alguna alternativa para no morir. Un ejemplo de esto es la desesperante nostalgia por tiempos del pasado que no vivimos, provocada -entre otras cosas- por la incapacidad de asimilar el presente. Unx pensaría, entonces, que la desesperanza se dibuja como el final de la política: si no hay alternativa, ¿para qué moverse?

¿Una Posibilidad?

La desesperanza parece ser, simplemente, otra cosa con la que vivimos; como el tráfico, el saturado transporte público, como un rayo de sol o como la lluvia. La desesperanza existe en el mundo como una capa más de tierra en la que, a pesar de ser poco fértil, nos vemos obligadxs a intentar sembrar en ella. Ante ese panorama, en este texto yo defiendo que se requiere de cierta valentía y de cierta resistencia para atreverse a mirar más allá del paisaje infértil que se tragó el monstruo de la desesperanza. Esa valentía suelen tenerla, por ejemplo, las personas dedicadas al activismo, lxs militantes de una idea emancipatoria y, sobre todo, lxs artistas. Pero, ¿Qué tiene que ver el arte con el acto de resistencia?

En primer lugar, antes de hablar sobre “resistencia”, tenemos que indagar sobre qué hacer con la desesperanza y cómo en medio de ella podríamos trazar nuevos caminos que podrían quitarnos este vacío en el pecho. El pensador Slavoj Žižek, en su libro El coraje de la desesperanza nos dice: El auténtico coraje no consiste en imaginar una alternativa, sino en aceptar el hecho de que no existe ninguna alternativa claramente discernible. En resumen, el auténtico coraje consiste en admitir que la luz que hay al final del túnel probablemente es el faro de otro tren que se acerca en dirección contraria [...] lo más aconsejable es comprender que no hay alternativa, y el coraje precisamente en eso consiste, en navegar en esa imposibilidad: Solo cuando desesperamos y ya no sabemos qué hacer podemos llevar a cabo el cambio: tenemos que pasar por ese punto cero de la desesperanza.

A pesar de que esta idea podría parecer nihilista, en realidad es profundamente práctica, pues sostiene que la desesperanza no es el final del camino, sino que tiene una condición de posibilidad. Sí. Ya sabemos que muchas cosas del mundo están mal y parece que la desesperanza hace inútiles todos los mapas, pero ante eso, también nos vemos obligadxs a tener la suficiente creatividad y valentía para crear nuevas rutas.

El filósofo alemán Theodor Adorno escribió algo similar en sus Minima Moralia: “No hay amor verdadero sino en el conocimiento de la muerte”. Podríamos parafrasearlo: no hay cambio verdadero sino en el conocimiento de la desesperanza. Porque solo cuando sabemos que no hay garantías, que el fracaso es posible, que la revolución no está asegurada por ninguna ley de la historia, podemos actuar con la urgencia del que no tiene nada que perder. Es decir, la desesperanza es el punto inicial: Nos arrojaron a este mundo y el devenir de la historia, totalmente ajeno a nuestra capacidad de agencia, nos arrebató el presente y el futuro. No obstante, en algún momento se es capaz de reescribir la historia o de luchar, al menos, por la idea de que los libros de historia, nuevas historias han de escribir.

En realidad, la desesperanza no es como el miedo que tiene un efecto paralizador, sino que eventualmente se transforma en hartazgo, y ese hartazgo después se convierte en rabia. La rabia o la ira, según Manuel Castells, es fundamental para la movilización social, puesto que la ira aumenta con la percepción de una acción injusta y con la identificación del agente responsable de ella. Incluso hay investigaciones neurocientíficas que han demostrado que la ira está asociada a un comportamiento que asume riesgos. Si todo está mal, ¿qué tenemos que perder? La desesperanza y el mismo colapso es el que crea un espacio para practicar e imaginar otros mundos posibles. Por ello, no es casualidad que muchos artistas aclamadxs, tanto del pasado como del presente, hayan trabajado desde el dolor, la pérdida y la fractura. Más allá de la idealizada figura del/a artista deprimidx y con el corazón roto, la desesperanza y las emociones negativas que giran alrededor de ella, se transforman, inevitablemente, en una posibilidad. Es una alternativa -quizá desesperada, sí- de ampliar el horizonte y de imaginar realidades diferentes.

Arte y Esperanza

Dicho lo anterior, es aquí donde entran lxs artistas y la contraparte del tema de este artículo: la esperanza. ¿Cabe todavía hablar de esperanza en el mundo descreído, desanimado y francamente nihilista de hoy? Pero, ¿no es en un mundo justo así, en la mayor “oscuridad del ahora”, donde más deberíamos volver a pensar la esperanza?

-María Zambrano.

Seguramente habrás leído o escuchado muchas veces la frase que dice “el arte es político”, pero en realidad nunca nadie termina de explicar muy bien por qué. En este texto, yo propongo que es porque una de las tareas del arte -porque tiene infinitas- es habitar la herida. Regresando a la fórmula de “desesperanza → hartazgo → rabia → esperanza”, una obra artística puede ser el punto exacto en el que la rabia se transforma en esperanza. La obra puede ser un grito, un momento de quiebre en el que, al fin, se tiene la valentía para nombrar el dolor. No es coincidencia que durante y después de episodios complejos de la historia de la humanidad, hayan existido corrientes, movimintos y estilos artísticos disruptivos e innovadores.

La filósofa Judith Butler, en su libro “vulnerabilidad y resistencia”, habla de la vulnerabilidad como condición común de la vida humana. Pero esa vulnerabilidad, lejos de ser solo un hecho biológico, es también un lugar político: quien puede nombrar su herida, quien puede hacerla pública, está desafiando el silencio que el poder impone. En ese sentido, considero que el arte es, entonces, una forma de nombrar lo que no tiene cabida en este sistema que nos enferma de desesperanza. El arte y el acto de crear es un hecho disruptivo que rompe con el lugar que el tiempo, la historia, la cultura y el Estado nos ha impuesto.

A su vez, Donna Haraway nos dice: “No se trata de resolverlo de una vez, sino de aprender a habitar el problema, a vivir en la perturbación, a construir refugios y mundos dentro del mundo que se desmorona”. Un artista no crea para sí mismx, no crea una obra para guardarla. El artista crea una obra para el mundo. y una vez que está en el mundo, deja de ser suya. “El escritor crea su libro, pero el lector, al leerlo, lo crea de nuevo.” nos dijo Sartre. El autorx muere y el arte se convierte en algo colectivo (léase la “B” de esta serie de artículos), entonces, como dice Donna, se comienza a construir un refugio en este mundo que se cae a pedazos: Unx se da cuenta que este dolor que era tan mío y que era tan tuyo, en realidad es un dolor que era tan nuestro. A partir de ahí, podemos comenzar a generar movilizaciones sociales, movimientos artísticos y culturales nuevos, y nuevas formas de habitar, en conjunto, este mundo.

Al principio del texto mencioné que la desesperanza parecía el final de la política. Pero no. Es todo lo contrario. La desesperanza es el comienzo de ella. “ ¿Qué tiene que ver, entonces, la obra de arte con el acto de resistencia? El arte es la única cosa que se resiste a la muerte”.

-Gilles Deleuze, Conferencia “¿Qué es el acto de creación?, 1987.

Ian Curtis, 1979.

1: Alfonsina y el mar.

2-4: Por Francis Bacon.

SANTIAGO AVLIA

COLABORADOR

Lic en Comunicación Social por la Universidad Autónoma Metropolitana Xochimilco.

Me gusta zarpar hacia la utopía, pero mi corazón late al ritmo de un naufragio. ¿Escritor? ¿Artista? ¿Empleado? ¿Joven? ¿Anciano? Mi única vocación es descubrir que nunca soy quien creo ser.