EL BOLERO, SINÓNIMO DE RESISTENCIA
Más que un género, la identidad de un país.
BOLEROMÉXICOMÚSICACUBAMÚSICA LATINA
Por Alex García
2/9/20267 min read


El bolero es un género musical que surge en Cuba en el siglo diecinueve y que pronto es adoptado por el resto de Latinoamérica.
Cada país apropiandoselo a su manera. Esto no fue robo, simplemente había algo en el bolero con lo que la gente se identificaba. Salió de Cuba, viajó a México y a Puerto Rico, luego llegó a la República Dominicana y de aquí a todo el continente. Muchas veces pensamos que la cuna del bolero es México debido grandes exponentes como Agustín Lara, Pedro Vargas, Los Panchos, etcétera, y si bien nuestro país fue fundamental para su difusión al mundo, a través del cine y la televisión, Cuba es el que da luz al bolero, pero sobre todo, el que le infunde su esencia fundamental.
El género se caracteriza por dos elementos que reflejan a su vez la historia del pueblo cubano: el mestizaje y la resistencia. Esta forma músical es una amalgama de influencias foráneas y locales. Por una parte, su forma, armonía y melodía surge de la canción europea, pero su ritmo y percusión es de raíces afro-cubanas. La voz que acompaña a la música se inspira en la romanza francesa y el bel canto italiano. El cantante encarna el papel de un trovador, poeta y músico, que habla de desamor, el cual será el tema característico, sino indispensable, de cualquier pieza dentro del género. Las raíces del bolero son un espejo de las raíces mismas de los cubanos. Sin embargo, históricamente, el mestizaje ha sido un proceso complejo y culturalmente violento.
No se trataba de una mezcla homogénea ni igualitaria, ya que si los extranjeros se juntaban con los nativos, los ricos con los pobres o los blancos con los de color, siempre eran los primeros los que tenían poder sobre los otros. Los cubanos coexistían a la fuerza con sus colonizadores, y poco a poco aquella tradición extranjera se fue imponiendo sobre ellos: la religión, las costumbres, las ideologías y la música. En el caso particular de la última, los nativos no dejaron que les quitaran su música, por lo que crearon una combinación que permitió que sus ritmos tradicionales perduraran, y así, su identidad como pueblo sobreviviera. En este artículo veremos como el bolero refleja la resistencia histórica del pueblo cubano en la era moderna, y cómo el legado de la música popular latina continúa como un espacio de identidad y fuente de fuerza social.
El bolero y el contexto social de Cuba
Responder con precisión de dónde viene el bolero es una pregunta imposible. Esto no quiere decir que no se sepa de dónde salió y en dónde dio sus primeros pasos, sabemos que fue en Cuba, lo que no sabemos es su fuente precisa y particular. Este género es híbrido y plural lo cual es a su vez lo que le da su identidad característica. En la época colonial, con la llegada de España a la isla, la música tradicional europea, la forma clásica y aceptada de hacer música, se enseña y divulga a los nativos. Una influencia compleja se despliega aquí porque los españoles trajeron con ellos a sus esclavos africanos, por lo que Cuba se convirtió en un espacio atravesado por tres tradiciones: la europea, las africanas y la latinoamericana.
Esta historia se cimenta en algo que no es particular de Cuba, prácticamente es la historia de América Latina: el desarraigo. Ya haya sido desarraigo espacial y terrenal, desarraigo ideológico, desarraigo religioso o desarraigo cultural, los pueblos nativos e indígenas se vieron obligados a desplazar su identidad nacional para dar paso a una extranjera. La identidad nacional se sustenta en distintos aspectos, entre los cuales destaca la música. El mestizaje amenazó con erradicar la identidad distintiva de las culturas latinoamericanas; sin embargo, en lugar de resignarse a adoptar la música europea, aceptaron la nueva música y la mezclaron con la suya. Afirmaron sus raíces al adaptarse sin la necesidad de doblegarse. Así es cómo se definió la música latina: un acto de resistencia que reclama la identidad nacional. Los cubanos colonizados usaron la música como un arma no-violenta. Su postura contra la dificultad, la opresión y la violencia no es más violencia; su postura es el baile, la alegría y la intimidad.
Pensemos en Cuba en el contexto del siglo XX. El país inicia esta época con el fin de la colonización española, pero cuando España se retira de la isla, llega Estados Unidos con una ocupación militar. El resultado fue un país cuya economía y política pasaron a las manos del Estado gringo, lo cual llevó a un intento de “americanización” del país. En 1959, después de un fuerte levantamiento nacionalista que apuntaba a la recuperación de una verdadera independencia, la revolución cubana finaliza de la mano de Fidel Castro. Lamentablemente, el establecimiento del comunismo terminó siendo otra fuerza opresora para el pueblo Cubano, en dónde la economía y la libre expresión sufrieron los mayores golpes. En esta agitación social, este desequilibrio cultural en dónde una élite reemplaza a la otra y el pueblo es ignorado y abandonado en una posición de desconcierto, el bolero suena en los callejones, en los bares nocturnos, en la radio y en los salones de baile. El bolero, y la música en general, le brinda a la gente una forma de sobrevivir al caos.
Apropiación de una voz propia.
Los boleros son un diálogo entre una persona y su interés o decepción amorosa, un poema de un “yo” a un “tú”, vacíos e impersonales, que pueden ocupar tanto los intérpretes como los oyentes. Cualquiera que escuche un bolero se puede poner en el lugar del o la intérprete. Las historias de amor y desamor de estas canciones le ofrecen un espacio de identificación a la gente. Por lo tanto, el amor es un puente a través del cual la gente se encuentra, ya que se retrata una experiencia afectiva común a toda la gente. Además de ser una fuerza de identificación colectiva, permite afirmarse como un individuo que tiene voz. La palabra, el poder asumirse como un “yo” y el apropiarse, aunque sea por un momento, de la canción crean libertad de expresión en un país que silencia al pueblo. La evolución del bolero ha permitido que el canto que acompaña los instrumentos tenga libertad rítmica y métrica, y este espacio para la improvisación constituye a este género como uno moldeable.
El recuerdo de una nación
La maleabilidad y la adaptación del bolero son un reflejo de la identidad cubana. A pesar de la opresión, la censura y desplazamiento, los cubanos lograron sobrevivir y uno de los motivos detrás fue la música. No sólo era escuchar sobre el amor, y la fuerza que infundía, lo que les daba esperanza. Después de la revolución del 59, miles de cubanos abandonaron su país y se dispersaron por el continente, la isla se vaciaba mientras la cultura peligraba. Sin embargo, el bolero es un ejemplo de cómo una canción puede llevar consigo un país entero. Los migrantes esparcieron esta música a dónde llegaban, por lo que el pasado en Cuba persistía dónde ésta sonara. En tierra ajena, el bolero cargó la memoria de una comunidad, y así afirmaba la identidad cubana, la cual se convirtió en transnacional y atemporal. Para los que estaban fuera, el recuerdo de su nación les permitía sobrellevar su día a día.
La intimidad del baile
El bolero no se puede separar del baile, aunque muchas veces nos acostumbramos a escucharlo sentados, de lejos, los ritmos surgen de la necesidad de generar movimiento. En una sociedad agitada por el caos, en la que los que no pertenecían a las élites se veían a merced de estas, obligados a doblegarse, el baile es un acto profundamente revolucionario. Abrazar a alguien para sumergirse en un ir y venir de los pies es una proclamación de agencia y fuerza desde la intimidad. Los carnavales, las fiestas, las ferias y las calles eran espacios, sobre todo momentos, en los que se permitía la libertad de los cuerpos, no sólo de aquellos racializados, sino de todos, sin importar la clase, el color o el género. Para el poder dominante esta proximidad era peligrosa, pero para el pueblo era una oportunidad tanto de expresar lo que las palabras no podían como de experimentar la unidad. A través del bolero, la salsa, el danzón, el mambo, y otros, Cuba se define por su búsqueda del movimiento en su música. El baile, el ritmo, requiere de conexión y cooperación, por lo que refuerza un sentimiento de colectividad y de pertenencia. Bailar es libertad, es intimidad y es conexión. La música es indispensable para entender la cultura cubana y su historia. El bolero es un ejemplo clave para aproximarnos a una forma de resistencia que ha tenido que asumir este país latino ante las injusticias sociales. Puede que haya otros géneros musicales más confrontativos y que denuncian abiertamente el abuso de poder como la Trova Cubana o, más recientemente, el rap y el hip hop. Aún así nos parece interesante destacar el bolero por la carga afectiva que lo distingue, la cual permite una resistencia tal vez más cotidiana y más discreta para la comunidad cubana y latina, pero que es una piedra angular para el día a día de su gente. El bolero es un espacio de reconocimiento, de memoria y de afectividad.














