LOU REED: EL CORAZÓN LATE EN SU JAULA
La muerte de Lewis, el nacimiento de Lou.
ROCKMÚSICAPUNKLOU REED
Por Ricardo Díaz
9/17/20262 min read


Lewis Allan Reed estuvo vivo desde 1942 y murió en 1959, luego de una serie de terapias de electroshock.
Nadie sabe exactamente dónde fue enterrado. Quizás en algún suburbio de Long Island. Quizás bajo una montaña de expedientes clínicos. Quizás sigue ahí, atrapado en una fotografía escolar, con el hopo bien peinado y una sonrisa traviesa. Lou Reed nació, entonces, a los 18 años. Era 1960 y acababa de entrar a la universidad de Syracuse, con la intención de convertirse en escritor. Se había contaminado de toda esa literatura haraposa que venía saliendo de los Estados Unidos a finales de los cincuenta y principios de los sesenta. Autores como Allen Ginsberg, William S. Burroughs y Hubert Selby Jr. le perforaron una idea en la cabeza: “quiero hacer lo mismo que ellos, pero con guitarra y batería.”
Delmore Schwartz ya llevaba años muerto cuando conoció a Lou Reed una mañana otoñal, entre las miradas deseosas del aula. Entre el alcohol y los bares repletos de humo, revivió, aunque haya durado poco. Syracuse era una fiesta, pensaron en aquel instante, estudiante y maestro, como el París de Hemingway. Schwartz le advierte que, si alguna vez escribía basura, si alguna vez se vendía completamente a la industria, regresaría desde la tumba para perseguirlo. Reed soñaba con fantasmas, de todas formas. Les escribía canciones. Les prestaba su voz.
Tenía un zumbido persistente en la cabeza. Un agudo ruido eléctrico que nunca terminaría de abandonarlo. Se manifestará como hilo conductor para entender el resto de su carrera. Schwartz fallece al mismo tiempo que la carrera como músico de Reed nace, ahora en el 231 de la calle 47 Este, con una banda llamada The Velvet Underground, y con el respaldo de Andy Warhol y Paul Morrissey. Andy Warhol murió, oficialmente, dos veces. Pueden haber sido más. Siempre son más.
Reed conoce el amor varias veces, se confunde, se enoja, y ama desmedidamente. Colecciona musas y enemigos y los embrolla para ver que sale del experimento. La heroína es su más grande aliada, ese abrazo que conforta cuando todo lo demás se desmorona. The Velvet Underground se convierte en la banda de la pequeña muerte y se disuelve en 1973.
Ese mismo año Lou Reed conoce a David Bowie, el maestro de la reencarnación. Juntos, se suicidan y habitan nuevas identidades. Nuevas carreras y ciudades. Cambian de piel como otros cambian de camisa. El ejercicio lo extienden hasta el tedio. Hasta que ya es imposible ser alguien más que uno mismo. Entremedio murieron muchas personas, incluyendo, por supuesto, el joven Lewis, por el cual todos aún estamos muy apenados. También nace un icono, y se consolida como el padrino del rock alternativo. Nueva York lo lleva en la sangre. Es su cronista definitivo. Lou Reed falleció el 27 de octubre del 2013, producto de una falla renal. Aun esperamos su estatua.
















