PARALELISMOS: VICTORIANOS Y PUNKS
Dos épocas tan distintas y lejanas que comparte más de lo que parece.
MÚSICASOCIALPUNKHISTORIASOCIEDAD
Por Alex García
5/11/202611 min read


Los corsés ajustados, los vestidos voluminosos, los abrigos largos y los sombreros altos nos podrían engañar al pensar que no hay nada en común enrte la época victoriana y un movimiento musical tan agresivo y contestatario como el punk.
Sin embargo, estos dos momentos en la sociedad y en el arte se asemejan más de lo que parece a primera vista. Evidentemente la época victoriana es estética y estilísticamente diferente al auge del punk en los setentas y ochentas. Aquí el punto de conexión no está en la forma, sino en la intencionalidad con la que se hacía el arte. Tanto la literatura victoriana como el punk compartían la misma fijación sobre el cuerpo como parte fundamental en la experiencia artística.
Estas dos épocas comparten contextos históricos caracterizados por crisis sociales. Por una parte, la época victoriana en el Reino Unido, que abarcó desde 1837 hasta 1901, se tiende a disfrazar como una época dorada, pero se olvida que la desigualdad social que acentuó la industrialización. Debajo de la rápida expansión imperial de Inglaterra, la inconformidad social se empieza a escuchar a través de manifestaciones y huelgas laborales. La primera parte de esta época obligó a los obreros a vivir en condiciones insoportables, aumentando así la pobreza, mientras que la clase alta prosperaba cada vez más. Sin embargo, en medio de las crisis, el arte empezó a pasar de las manos elitistas europeas hacia el pueblo, la clase trabajadora. La música, la literatura y el arte en general, se empezaron a democratizar y a volver más accesibles; un medio para conseguir esto fue el cuerpo, ya que se empezaron a popularizar las lecturas en voz alta y performativas, los actos públicos con gente lado a lado, la distribución callejera, etcétera.
Por otra parte, el punk surge en el Reino Unido, y paralelamente en Estados Unidos, a mediados de los setenta. Mientras que en el pueblo inglés el descontento de la clase trabajadora continúa con el mismo fervor que unos siglos atrás, aunque ahora era en contra del neoliberalismo en lugar de la industrialización, la juventud estadounidense se opone a la cultura del capitalismo y de consumo que moldea a la sociedad pero también al arte. Es así que nos encontramos con dos lugares pasando por injusticias sociales y desigualdades económicas, las cuales dan nacimiento a un movimiento musical y cultural: el punk. Al igual que la literatura en la época victoriana, la música encontró una nueva intención en este contexto social. El punk no sólo encarna la frustración de la clase baja, sino que responde a la opresión cultural y política desde el cuerpo, a través del movimiento físico, del contacto con otros cuerpos, las presentaciones en espacios accesibles y colectivos, etcétera.
El cuerpo es central para la creación y transmisión del arte para los victorianos como para los punketos, ya que se entiende como un medio o una herramienta para acercar a la gente de estratos sociales bajos hacia lo que por mucho tiempo pertenecía a la elites. A partir de esto empiezan a evidenciarse varias semejanzas entre estos dos momentos sociales y artísticos, acercándose mucho más de lo que usualmente se puede pensar.


1. El performance con el cuerpo
Antes del periodo de reinado de la reina Victoria, la literatura pertenecía a las elites, por lo que se solía asociar con una “cultura alta”. Y dentro de este círculo privilegiado, la forma de leer estaba estrechamente asociada con el elitismo del momento. Aquellos que tenían la posibilidad económica de tener libros, se encerraban en su biblioteca privada o cuartos privados y se leía en solitario. Pensemos en la romantización de la lectura tal y como se presenta en películas, series o novelas de época, dónde la gente de clase alta pasaba su tiempo leyendo en silencio y educandose en espacios aislados, llenos de paz y belleza. Aquellos que se dedicaban a esto tenían un privilegio económico particular, el cual se empezó a cuestionar con la revolución industrial.
Esta forma de consumir el arte cambió junto a la creciente agitación social del momento. La clase obrera empezó a vociferar su descontento y hacerse presencia, por lo que la literatura y el arte empezaron a girar hacia ellos. Se empezó a buscar mayor accesibilidad a estas expresiones artísticas, por lo que se intentó, a pesar de las oposiciones de muchos aristócratas, pasar de la burbuja intelectual elitista a la vida real y material de la gente común. Un escritor fundamental para este cambio fue Charles Dickens, el cual empezó a escribir novelas hechas para que se leyeran en voz alta. Esto provocó que la lectura se volviera una actividad familiar, en dónde el padre solía leerles a los demás miembros del hogar, por lo que se volvía una especie de interpretación dramática. De esta manera, la atención de los escritores, los críticos y la audiencia se focalizó en las respuestas corporales ante la literatura. Podemos entender estas respuestas desde la lectura empática y la lectura somática. La primera se enfoca en la identificación emocional con los personajes que produce la interpretación oral y física de los textos. La segunda se refiere a los afectos corporales que producía una lectura: incremento en la respiración, tensión, incomodidad, excitación, etc. Un dato curioso es que esta última llevó a condenar las lecturas a tal punto que se presentaba el acto de leer como una adicción o casi una enfermedad. (La misoginia del momento llevó a advertir más a las mujeres sobre el daño de leer).
Ahora bien, la música punk se caracterizó por artistas que usaban sus cuerpos para expresar su energía, la rabia y el caos interno. En una época dónde la juventud se tenía que enfrentar a un mundo que los hacía a un lado, que los empujaba a la pobreza, el punk sirvió como una vía de escape del descontento colectivo. Sin embargo, la corporalidad no sólo funcionó como un potencializador emocional, sino que se convirtió en una herramienta de sociabilidad. En algún bar decadente en un barrio marginal en los setentas, unx jovén podría estar apretado por una multitud desenfrenada, viendo a un artista poco conocido interpretar su música, contorsionandose en el escenario, y en medio de este ambiente, el punk le brindaba un espacio del que podía ser parte. Esta experiencia no podía ser vivida a través del radio o de la televisión; uno tenía que sentirla directamente. La corporalidad les daba un sentido de identidad colectiva, ya que al ver los cuerpos moviéndose furiosamente, siendo libres en un mundo que los aplastaba, sentían una conexión física con la gente y con una época que la hicieron suya.
Los saltos y empujones, el pogo, de Sid Vicious, las contorsiones de Iggy Pop, la gestualidad exagerada y desgarradora de Nina Hagen, el caos en el escenario de los Stooges, el dramatismo de Patti Smith, entre otros, son ejemplos del uso del cuerpo para canalizar la injusticia social y transformarla en arte colectivo.


2. Actos Públicos
El arte, la música, el teatro y la literatura se solían restringir a lugares accesibles sólo a la clase alta. La existencia de las expresiones artísticas necesitan de un espacio físico, de una realidad material. Antes de la época victoriana, y también durante esta, ya que ningún proceso es homogéneo, el arte era exclusivo para las élites. Podemos pensar a la aristocracia como la prisión del arte, un espacio artístico que levantaba muros a su alrededor y se encerraba en sí mismo.
A pesar de esto, ciertos artistas intentaron desviarse de esta tendencia clasista para llevar el arte a estratos sociales más bajos. Cómo se mencionó antes, Charles Dickens fue una de las figuras más importantes para este intento de transición, ya que transformó a la literatura en una actividad para hacerse en comunidad. De igual forma, existieron otras personas que hacían un esfuerzo continuo para democratizar el arte. Un ejemplo claro es Franz Liszt, compositor músical e intérprete, el cual hizo de sus recitales de piano un espectáculo popular. Es famoso por la histeria colectiva que producía con su intensa interpretación, a la cual se le llamó “Lisztomania”, precursora de la “beatlemania”.
Los escenarios de la literatura también empezaron a cambiar. Una actividad clave que facilitó el acceso de la clase obrera a esta expresión artística fueron las “penny readings” o “lecturas de un penique”. Esta fue una forma de entretenimiento público que surgió en medio de la época victoriana y que consistía en recitar prosa, poesía o música. Como su nombre lo indica, la entrada a estos eventos era de un penique. Estos permitieron acercar a la clase trabajadora a la cultura. El punk surge de una necesidad similar a esta. En una época dónde la televisión y otros medios de comunicación crecían a pasos acelerados, la música popular empezó a depender más de estos para expandirse. Si bien esto tenía sus beneficios, ya que acercaba a más gente de todo el mundo a diferentes artistas, paradójicamente hizo más inaccesible el acercamiento a la música. Un ejemplo es el rock, el cual nació como un género transgresor y rebelde, pero que se convirtió en un producto capitalista y elitista; este se limitó a un grupo exclusivo artistas consolidados, dejando a un lado a artistas emergentes. Adicionalmente, los conciertos se volvieron más caros y apuntaban a masas con cierto privilegio económico.
El punk se rebela contra la mercantilización del arte y la privatización de esta. Es por eso que las cunas de este fueron bares clandestinos y marginales. Un ejemplo icónico es el CBGB, bar neoyorquino que dio a luz en los setentas a grupos como Television, Blondie, Ramones, Talking Heads y artistas fundamentales como Patti Smith. Otro gran ejemplo es el bar The 100 Club en Londres, del cual salieron bandas como The Sex Pistols, The Clash, Siouxsie and the Banshees, entre otros. Esto permitió que la gente con escasos recursos, sobre todo jóvenes, pudieran acceder a la música. De igual forma, estos espacios ayudaron a borrar la barrera entre el/la artista y su audiencia al crear una experiencia física y cruda.


3. Crudeza y Realidad
No sólo fue la interacción física la que permitió borrar la barrera entre el arte y las clases obreras, sino que también fueron los temas que se empezaron a tratar tanto en la época victoriana como en el auge del punk. La realidad que representa, o crea, el arte tiene mucho que ver con la audiencia a la que apunta. Cuando el arte se limita a retratar vidas de gente privilegiada, a tratar temas intelectuales que requieren de un nivel de erudición alta o a usar técnicas que sólo cierto grado de educación te permite detectar, este se limita a la gente de clase alta. Pensemos la literatura en la época victoriana, la cual empieza a interesarse por la vida de la clase obrera. Una obra tan exitosa como lo fue Oliver Twist permitió visibilizar las desigualdades sociales y económicas que se vivían en Inglaterra en ese momento.
Otros escritores, como Elizabeth Gaskell, exploraron la crudeza de la vida obrera y los conflictos resultantes de la revolución industrial. Incluso artistas de otros campos se preocuparon en los estratos más bajos, como el pintor William Morris, el cual se centró en la cotidianidad y el pueblo británico. Por su parte, el movimiento punk igual puso el foco sobre las injusticias sociales causadas por el sistema consumista. Muchas de las canciones dentro de este género muestran el estilo de vida de los jóvenes, marcadas por la violencia, el consumo de drogas, la pobreza, el descontento, etcétera.
Los artistas punk y los fanáticos de este estilo abrazaron la diferencia y la potenciaron. Aquí cabe aclarar algo importante, y es que si bien el arte victoriano buscaba evidenciar la vida de la clase trabajadora, el punk tomaba un paso más allá. Este denunciaba directamente y era contestatario ante la autoridad. Aún así, los dos fueron a su manera movimientos provocadores.


4. Medios accesibles
Ya se mencionó antes que el arte tiene una larga tradición de ser elitista y que ciertas vertientes en la época victoriana estaban en contra de estas, al igual que la ideología punk de los setentas. Sólo quisiéramos recalcar las formas en las que buscaron transgredir las barreras sociales. Un ejemplo de esto en la época victoriana fue la serialización de novelas. Las obras de Charles Dickens, las aventuras de Sherlock Holmes escritas por Arthur Conan Doyle y las novelas de Wilkie Collins son ejemplos de textos literarios que se vendían periódicamente. Esta forma de publicación consistía en vender periódicamente, usualmente cada mes, partes o capítulos de una novela hasta que esta llegara a su fin. Esto permitió que fuera más barato comprar obras largas, las cuales hubieran sido muy caras si se hubieran vendido en un sólo tomo. De igual forma, la serialización de la literatura requería de un movimiento e interacción física con el texto, ya que implicaba salir a la calle, pasar a un puesto de periodico y tomar el capítulo del mes. Como se ha dicho antes, el punk se sustentaba de la interacción del público con el arte, de hacer la música una experiencia corporal. Se trataba de ir a bares a los que todos podían entrar y hacer caos hombro a hombro. Más allá del espacio, también podemos mencionar que otro aspecto que ayudó a la accesibilidad del punk fueron los sellos independientes, los cuales facilitaban la incorporación de artistas nuevos y con propuestas únicas a la escena. Las disqueras pequeñas se posicionaron en contra de las grandes compañías musicales y privilegiaron la libertad creativa. Lo que importaba era crear un sentido de comunidad, un cuerpo colectivo musical.
Los victorianos y los punks tenían una forma compartida de ver el arte desde el cuerpo. La importancia de la corporalidad para ambos recae en su función como puente entre la clase obrera o baja y el arte. Por una parte, la literatura de la época victoriana implicaba una lectura performática, la cual necesitaba del movimiento del hablante y de la enunciación en voz alta del texto. Los libros se convirtieron en una forma de conectar con los otros, pero sobre todo con aquellos a los que se les había negado el acceso al mundo artístico marcado por el elitismo. Otras formas de arte también se democratizaron. Por otra parte, el punk exigía del artista y del oyente una experiencia corporal intensa que les permitía canalizar la frustración y el enojo de vivir en una sociedad marcada por la desigualdad y el consumismo. A través de esta explosión de energía, la comunidad del punk se conectaba uno con el otro al compartir esa energía física. El arte está para conectar a la comunidad, no para ser la mascota obediente de la élite.


