¿QUÉ SIGNIFICA SER REBEL REBEL EN EL SIGLO XXI?
Rumiando sobre Bowie, el glam y el capitalismo.
SOCIEDADMÚSICAROCKDAVID BOWIE
Por Adhara Stanley
9/25/20264 min read


En 1974, David Bowie intentó crear un musical inspirado en la obra de George Orwell, 1984.
Le puso muchísimo maquillaje y glam y, cuando los derechos de adaptación del libro le fueron negados, aquel proyecto frustrado terminó mezclándose con su propio universo distópico hasta transformarse en uno de los mejores álbumes de la década: Diamond Dogs. Canciones como Rebel Rebel, 1984 o Big Brother no son solo parte de un álbum extraordinario, son un flagrante manifiesto rebelde del propio Bowie quien, en un contexto politizado y complejo había introducido letras subversivas en sus canciones, también transgresoras e interesantes.
¿Podemos decir que Bowie era un rebelde? Claro. Pero tal vez deberíamos primero definir qué entendemos por rebeldía y si lo era, ¿por qué la industria musical capitalista querría promover un arte que se presenta como tal? En David Bowie encuentro una rebeldía que parte del cuerpo y de la negativa a ser encasillado por las normas sociales de la época. De hecho, podemos tomar su canción Rebel Rebel, para demostrarlo, en su letra encontramos una frase icónica: Tu madre está confundida, no está segura de si eres un chico o una chica. No solo es un verso gracioso; es profundamente subversivo. Particularmente comparto el pensamiento de que la rebeldía parte del cuerpo, pues es el primer espacio que, al pertenecernos, suele constituirse en víctima de las imposiciones sociales y performáticas del género y de la estética.
Sin embargo, en el Bowie de Diamond Dogs, encuentro también un límite: su rebeldía se quedaba, con frecuencia, en el individuo, en el nihilismo y la certeza de que el mundo estaba anestesiado. Como menciona en Rebel Rebel: Nos gusta bailar y lucimos divinos. Bowie era un rebelde, sí. Un rebelde hedonista que, consciente de su entorno político complejo, decadente y de control social, mira a la obra de Orwell con maquillaje y glitter y pretende bailar sobre las ruinas viéndose divino. Muy bien. Si esa es la rebelión de Bowie, ¿por qué el mercado debería temerle?
David Bowie conoció muy bien las contradicciones de la industria que lo convirtió en estrella, la estructura que lo volvió famoso, brutal e irrepetible, también fue la estructura que empaquetó su rebeldía y lo sometió a relaciones contractuales y económicas sobre las que tardaría años en obtener mayor control. Los límites que el propio Bowie le ponía a su rebeldía, lo volvían vendible, pero… ¿significa eso acaso que toda rebeldía que se ponga como mercancía automáticamente deja de ser rebeldía? No. La existencia de esos límites, no anula o elimina lo que este álbum, este artista y muchos otros, generaron sobre la sociedad y sobre los cuerpos.
Hay algo muy interesante, y a la vez arriesgado. Tomar la rebeldía de una persona como Bowie, limitada sí, convertirla en producto, contenerla y comercializarla es una jugada brillante y a la vez un arma de doble filo. ¿Qué asegura que una canción tan brillante como 1984, repleta de glitter, armonías exquisitas y un maquillaje exagerado, no hará que un adolescente en 1974 o en 2026 empiece a cuestionar sistemáticamente el papel del gobierno en el control y represión social? La rebelión parece ser divertida, interesante e incluso deseable, cuando se trata de laca y maquillaje, hasta que la laca y el maquillaje se transforma en una forma diferente de habitar el mundo y a su vez, despierta el deseo de cambiarlo.
¿Que si creo que la estética va a cambiar el mundo? No. Pero creo que la estética puede convertirse en una puerta hacia formas más amplias de cuestionamiento. Pero ¿qué está pasando hoy? ¿Es todavía rentable mercantilizar la rebeldía? La música ha cambiado bastante desde 1974 y, sin embargo, la industria sigue funcionando bajo una lógica bastante familiar: encontrar un producto deseable y comercializable, llevarlo lo más lejos posible y obtener de él la mayor cantidad de ganancias.
Los tiempos han cambiado, y la forma en la que miramos a la rebeldía de 1974 también. Podemos encontrar ejemplos claros que han reflejado la estética teatral y transgresora de Bowie en bandas del presente, pero en ocasiones parece que la rebeldía y el performance esperado de ciertos personajes de la música se vuelven incluso una exigencia. El siglo XXI ha heredado códigos estéticos que históricamente habían significado rebeldía, pero el cuero, el maquillaje y la hipersexualidad ya no se habitan ni se miran de la misma forma que en 1974. Lo que alguna vez ayudó a construir al rebelde puede convertirse, cincuenta años después, en aquello que esperamos que un rebelde parezca.
Entonces, ¿qué significa ser Rebel Rebel hoy? Ser un rebelde quizás significa habitar el mundo con preguntas y canciones con un riff único. Quizás significa llevar el cabello alborotado en la época del clean look; quizás organizarte con otros seres que se consideran rebeldes, usar un maquillaje completamente alocado (o no) y marchar por las causas más humanas e importantes que el sistema pretende ocultar. Si hay algo que podemos intuir es que sí, la rebeldía y el arquetipo del transgresor pueden convertirse en mercancía, el sistema sabe bien cómo hacerlo. Pero lo que ese producto hace en nuestro propio cuerpo, en nuestra mente, en nuestras conversaciones y en nuestros vínculos con nuestros compañeros y compañeras, es algo que ninguna industria podrá controlar del todo.










