SIRAT, TRANCE EN EL DESIERTO: UNA HISTORIA PROMETEDORA ENTERRADA EN ANSIEDAD BARATA Y SENSACIONALISMO

Review del filme producido por Pedro Almodóvar.

CINE DE EUROPAPELÍCULASCINECRÍTICA

Por Oscar Castellanos

1/14/20263 min read

Sirat empieza su salvaje camino por el desierto marroqui con cientos de posibilidades

Presentandonos una escena social de gente dedicada a la música, al sentimiento casi primitivo del cuerpo como respuesta a los sonidos sónicos que emanan de las bocinas posicionadas como una amplificante muralla, imágenes de personas intoxicadas por la fiesta moviendo sus cuerpos entre las arenas del fin del mundo, solo para perder la capacidad de seguir su propia historia y mandar a su público en una angustiante caravana hacía la nada. El director parisino de este largometraje, Oliver Laxe, peca de la única cosa de la que no se tiene que tener miedo mientras se hace una obra de arte, de ser pretencioso y que esa se sienta como una decisión consciente para el verdadero entendimiento de la pieza, y esto lo digo comprendiendo que el arte no tiene que tener una razón de ser o un significado marcado y final.

Con esta película en particular hay dos opciones: Tienes en ti el conocimiento de la historia de colonialismo de Marruecos y logras discernir el mensaje de gente entrando a un lugar que no les pertenece, lo reclaman en varios niveles, lo que causa que gente ajena al conflicto sufra las consecuencias morales y físicas décadas después, en una especie de sangrienta venganza kármica por las acciones de antepasados que no son suyos, probando así que las malvadas intenciones que tienen algunos grupos afectan a todo el mundo y no solo los objetivos directos, y en parte sus decisiones actuales que los ven como fugitivos de su propia vida y colonialistas contemporáneos sin real preocupación por el lugar en donde decidieron enfiestar. O puedes verla como la historia de un padre y su hijo en busca de su hija mayor, que buscando en raves en donde piensan que estaría, se juntan con un grupo de incomprendidos y que su camino los llevaría por situaciones sacadas por completo de la nada, haciendo que sufran sin razón aparente, incrementando una tensión que no se ganó con el contar efectivo del relato y que todo acabe sin una respuesta a ninguno de los problemas puestos ahí por el mismo largometraje.



Producida, entre muchos otros, por Pedro Almodóvar, elegida por España para ser su candidato a mejor película extranjera en la siguiente edición de los Oscars y habiendo ganado el premio del jurado en Cannes, Laxe logró crear de nuevo una experiencia fílmica que ha movido a las audiencias en cada función que ha tenido, haciendo que atraviesen una odisea por el desierto mientras le aplauden su originalidad y estilo.

La cinematografía de Mauro Herce resalta bastante en su representación cruda del acto de bailar y su visión de la soledad, aunque sí, la mayoría del tiempo nos presenta tomas impresionantes del desierto marroquí, creo que brilla más cuando trata de ilustrar los movimientos corporales de los actores, humanos e imperfectos, solitarios frente a la inmensidad del ambiente en el que se encuentran.

Otro de los eslabones que tenía toda la capacidad de ser uno de los fuertes de todo el film fueron sin lugar a dudas las actuaciones. Entregadas a nosotros de parte de gente sin antecedentes actorales en su mayoría, que tomaron la frágil base ofrecida por su director y lograron hacer un grupo de personajes entrañables, pero que lamentablemente no terminaron por ser bien utilizados por los escenarios que suceden en la segunda mitad de la película. El único actor parte del ensamble principal que si tiene antecedentes grandes en la actuación es Sergi López, quien le da vida a Luis, el padre en busca de su hija, que a momentos si resalta como el único con experiencia y eso empuja a sus internacionales y polígolotas co-estrellas, nombres como Bruno Núñez Arjona, Richard Bellamy, Jade Oukid y Tonin Janvier, a momentos de gran promesa emocional pero caen planos por una pobre dirección actoral.

Hundido en subtramas de una supuesta tercera guerra mundial que no termina por ser solo combustible mental de un aspecto de la historia que nunca es explorado afuera de esa menciones casi escuchadas por accidente, menciones de la familia elegida siendo mejor que la familia de sangre que también son abandonados casi tan rápido como llegaron, y la ya mencionada agria y no ganada segunda mitad del metraje, “Sirat: Trance en el desierto” (2025) termina por ser un simple festival de jumpscares envuelto en la promesa de una historia que merecían sus personajes.

OSCAR CASTELLANOS

COLABORADOR